No le conocía personalmente, pero tengo cierta pena. Pena por cualquier vida sesgada por la enfermedad. Pena por la pérdida de mentes fructíferas y lo que nos han aportado. Porque con el cuerpo se va todo, a pesar de que nos quede el recuerdo. Y aunque no siempre me ha correspondido la manzanita en mi amor por ella, que una vez me puso unos cuernos enormous, en general, nuestra historia ha sido lineal.
Yo casi nací y crecí con macintosh y aunque tuve rollitos con windows y compañía, él me dio la estabilidad que nadie más supo darme. Puedo afirmar que es de los pocos temas de los que no me he divorciado.
No sé qué será de sus herederos, pero desde aquí rindo homenaje a un tipo genial, visionario y emprendedor, que a mí y a unos cuantos millones más, nos proporcionó un sistema operativo estable donde los haya. Y de los virus ni hablemos, que jamás han llamado a mi puerta.
No le lloraré, pero echaré de menos, seguramente, todas las novedades en la cresta de la ola que nos brindaba cada cierto tiempo. Y esa pasión con la que nos vendía lo invendible.
No voy a poner ningún link, porque los hay a montón.
Steve Jobs, descansa en paz. Y véndele un ipad a San Pedro, que tú sabes.

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