
Es asombroso cómo los modos de pensar pueden influir en nuestras emociones y como consecuencia en nuestas vidas.
A veces las dejamos fluir de modo que las sentimos sin pensar en cómo pueden afectar a nuestra vida diaria, e incluso a nuestro entorno. Si nos parásemos a pensar porqué las sentimos, probablemente no nos dejaríamos llevar por ellas con tanta fuerza que a veces nos hacen tanto daño, y tendríamos la capacidad de redireccionarlas hacia el sendero del razonamiento.
No se trata de anular las emociones, sino de dirigirlas. Las emociones hay que sentirlas pero no permitir que condicionen nuestra vida, ni permitir que nos creen dependencias.
Hemos creado un equipo y empezado a elaborar un proyecto basado fundamentalmente en inteligencia emocional, y autoestima, dirigido a personas de otros países con problemas emocionales en diferentes ámbitos de su vida, y creo que todos en alguna medida necesitamos redireccionar algo en nuestras vidas, por esta razón, vamos a poner el proyecto en marcha empezando por nosotras, para poder trasmitir a los demás a través no solo de teoría y terapia sino también con nuestra actitud los cambios que cada uno considere convenientes para sentirse mejor.
Confiamos que los resultados de este proyecto sean favorables para todos porque lo estamos haciendo con mucho cariño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario