El día era lluvioso y frío, sin embargo no me importó, tenía que ir, sentía una imperiosa necesidad de llevar a cabo aquella visita que en tantas ocasiones había pospuesto por diferentes razones, no sabía lo que me iba a encontrar, pero, no sé si la curiosidad, o el deseo que encontrar un lugar tranquilo para estar conmigo, hizo que lograra mis propósitos. No fue fácil encontrarlo, no hay señales que lo identifiquen en la carretera, al principio sentí un poco de rabia por no encontrarlo con rapidez, estaba impaciente, pero después me alegré de que no estuviera a la vista. Es un lugar de encuentro con la esencia de la vida, quizá el hecho de saber que allí hay una sociedad diferente me ayudara a reflexionar sobre muchas cosas, ya que nadie cuestionaba mis conceptos, acuerdos y desacuerdos de mi propia existencia, mis verdades, o las que yo pienso que lo son. Las absurdas imposiciones, restos de las culturas ancestrales que nunca nos abandonan del todo, a pesar de tantas batallas; no soy persona de rendirme ante nada, pero a veces la lucha es tan absurda que los músculos emocionales pretenden relajarse, quizá para evitar agujetas.
Un lugar especial, almacén de tantas vivencias, experiencias y emociones apagadas generosamente, que daban esa belleza y paz tan especial al lugar. No podía llamarse de otro modo, EL BOSQUE DE LA VIDA.
No hay comentarios:
Publicar un comentario