
Hoy he leído un artículo escrito por una mujer que me ha llamado la atención. Sobre todo, por la época que vivimos socialmente en cuanto a la igualdad de sexos. Es evidente que no todo el mundo está de acuerdo en ello. Del mismo modo que ya se ha demostrado científicamente que somos diferentes. Sigo pensando que esas diferencias no nos dan ningún derecho a discriminar a nadie, en el trabajo, en la sociedad (hasta hace unos años, solo de hombres), y creo que pudiera ser el inicio de toda esta batalla de sexos que se está librando desde hace años.
Transcribo el artículo literalmente:
El otro día fui con cinco amigas a una terraza para tomar café y dos hombres nos quitaron una mesa a la sombra con malas formas. Comentando la escena, una de mis amigas me dijo que había sentido una indignación enorme.
Realmente, yo más que indignación sentí pena al constatar el hecho de que se ha perdido la educación, por un lado y el sentido de la caballerosidad, por otro. Claro que de esto último gran parte de la culpa corresponde a las mujeres. Mujeres que andan reivindicando la igualdad entre sexos, mujeres que no se hacen respetar y que han negado al varón la posibilidad de cortejar a una dama. Mujeres que no han aprendido las buenas maneras de la educación y por lo tanto carecen de ella o mujeres que han ridiculizado al hombre cuando se ha mostrad cortés, servicial o gentil porque creen que así se las menosprecia. En definitiva, mujeres que desconocen que somos esencialmente distintos. Pena de mujeres, y pena de hombres también, que tontamente han perdido su su auténtico y genuino lugar.
(Mª Luisa García, 20 minutos del día 6 de septiembre 2010)
No hay comentarios:
Publicar un comentario